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Ni en eso nuestros políticos resultan medianamente originales, ni siquiera en la mezquindad.  El discurso de que uno de los causantes, origen y efecto de nuestros males económicos puede identificarse con la escuela y, por tanto (continúa el discurso)  con sus docentes y sus formas de trabajo y enseñanza, es un discurso, si permiten, una coplilla, cuyo sonsonete se hizo popular a partir de las políticas de la célebre tonadillera neoliberal doña Margaret Thatcher, las llamadas también políticas de la Nueva Derecha (hijos y nietos herederos  de la Vieja Derecha), en los territorios, incluyendo las colonias, donde gobernó entre  1979 a 1990 sin olvidar, cómo no, que presidió el Ministerio de Educación entre 1970 a 1974.

Así, en una lucha sin cuartel por introducir el Mercado y sus leyes propias y exclusivas, no sólo en  la vida económica y social de los ciudadanos, sino también y a través de la privatización de servicios públicos, introducirlo por el orificio en que remata el conducto digestivo de algunos –la mayoría- de esos ciudadanos que no pertenecían a la minoría acaudalada, tanto la Thatcher como su pareja de cante allende los mares, Ronald Reagan,  hace ya más de veinte años, utilizaron lo que se define como la “cultura de la culpa” hacia el colectivo docente.

El esquema es sencillo:

1.- El país tiene problemas sociales con un proceso de empobrecimiento y de aumento de las desigualdades a pasos de gigante debido a las políticas neoliberales tendentes a que el Estado deje de cumplir con sus obligaciones (aquellas por las que las personas pagan impuestos) y, en su lugar, si esas antiguas obligaciones son en algo rentables, las asuman entidades privadas que convierten el “derecho de la persona” en “producto a la venta” (hecho observado y reseñable a modo de adenda: es posible que si son “altamente rentables” pueda ocurrir que esas entidades pertenezcan a familiares, amigos y personas íntimamente vinculadas a políticos responsables de la privatización).

2.- Como argumentos iniciales para justificar que “cada uno se las arregle como pueda” pueden utilizarse, entre otros, algunos de los siguientes:

 “no hay más remedio”,

“las cosas son así porque no pueden ser de otra manera”,

“es duro, pero todos tenemos que tirar del carro”,

“hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”

Entre otros.

Esos argumentos pueden ser traducidos a diferentes idiomas, pero propios, propios, lo que se dice autóctonos de nuestro país son los siguientes:

“la culpa es de Zapatero”,

“la culpa es de la Merkel”,

“está lloviendo”

“gracias, pero no voy a contestar a eso…”

“….”

Entre otros.

3.- Llega un momento en que el personal (la ciudadanía) va cayendo en la cuenta en que los argumentos del punto 2 son arbitrarios, insuficientes para explicar nada y que, en todo caso,  son argumentos que las autoridades políticas utilizan para la justificación de decisiones discrecionales, a veces carentes de razón y casi siempre carentes de humanidad. Es entonces cuando resulta conveniente desde un punto de vista de supervivencia política, identificar en personas y colectivos la responsabilidad del deterioro de la vida y la necesidad de medidas drásticas. Y es ahí donde entra la escuela y donde aparecen los maestros y maestras (también están los médicos y hospitales así como colectivos profesionales más “invisibilizados” como las personas que trabajan en los servicios sociales, y siempre resulta útil aplastar sin llegar a triturar, es decir, machacar, a la clase media que es al fin y a la postre la que puede aportar recursos y lo más bonito: ni se entera).

4.- En el caso de las escuelas y los maestros y maestras hay dos vías por las que se introduce el virus de la culpabilidad:

– Argumentar que nuestros escolares salen mal preparados de una escuela que, consecuentemente, prepara mal porque, en consecuencia, dispone de un cuerpo docente mediocre.

– Demostrar que esa mediocridad se ubica fundamentalmente en la escuela pública, allí donde los maestros y maestras son funcionarios, es decir, gente que tiene un “trabajo seguro”, muchas vacaciones y poca preparación (por ejemplo, muchos de ellos no saben ni por dónde pasa el Duero). En tiempos de crisis en los que las cifras de paro son humillantes para cualquier gobierno con cierto sentido de la dignidad, si hubiere movimientos de protesta por parte del colectivo docente, resulta conveniente insistir por parte del poder político que se precie de mezquino, lelo y escaso de razón en el hecho de que “encima que disponen de un trabajo seguro van y protestan, como si no hubiera gente en peores condiciones…”.

 Y es que resulta fácil, a fuerza de repetirlo machaconamente, pensar que “algo se estará haciendo mal” desde la escuela cuando resulta que en los ranking internacionales el nombre de nuestro país suele aparecer en posiciones de deshonor. Resulta llamativo, pero absolutamente comprensible, que a esos responsables políticos faltos de nobleza de espíritu (en suma, de nuevo mezquinos) ni se les ocurra que la responsabilidad podría recaer en ellos y ellas y sus malditas políticas educativas erráticas, cicateras y con escaso futuro en cuanto capacidad de ordenar medianamente eso que llamamos educación.

Próxima entrega: CÓMO MANIPULAR A TRAVÉS DEL RANKING

Transcribimos a continuación parte del manuscrito original encontrado en el interior del estómago de un ejemplar de pingüino de penacho amarillo de la extensa colección de taxidermia ubicada en el Sector de Ciencias Naturales del Museo Histórico y de Ciencias Naturales Monseñor Fagnano, ubicado en la Misión Salesiana al norte de la ciudad de Río Grande, provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

Dicho manuscrito fue descubierto, a causa de un accidente fortuito, en 1933 por un novicio salesiano encargado de la limpieza del mencionado museo.

Informado el gobierno británico del contenido y autoría documento por la célebre doble espía responsable, en aquello tiempos, de la sección Patagonia y Antártida, Lona Theresa Cohen, también llamada Leontine, y también conocida durante su estadía en Londres como Helen Kroger (11 de enero de 191323 de diciembre de 1992) (para los lectores no iniciados en el mundo del espionaje internacional, sólo apuntar que se trata de una conocida espía estadounidense al servicio de la Unión Soviética, pero que eventualmente trabajaba como free-lance para el M16 británico (Secret Intelligence Service). Para más información:  http://es.wikipedia.org/wiki/Lona_Cohen).

Ya en poder del servicio secreto británico, inmediatamente se estableció la autoría de los documentos sin ningún género de dudas,  identificándolos como parte del llamado Secret Diary of Beagle Mission de Charles Robert Darwin. Hasta hace unos meses no se levantó el secreto del llamado “caso Darvin” (se cambió la “w” por “v” como forma de identificar el dossier en clave de difícil acceso), y pudimos asistir a la sorprendente revelación de que Charles Robert Darwin, más conocido como Charles Darwin o, más aún, por Darwin, en realidad fue un agente del Servicio Secreto Británico cuya misión a bordo del Beagle era la de vigilar los movimientos del capitán FitzRoy, sospechoso de contrabando de ron tras la tapadera de “descubridor y explorador”.

Lo cierto es que el manuscrito original se encuentra en la actualidad en una caja fuerte en Down House en el condado de Kent, aunque su propiedad se encuentra disputada en los tribunales internacionales entre The English Heritage, el M16, los Hermanos Salesianos de Punta Arenas y la Asociación Diocesana Don Bosco del Estado Vaticano.

Las páginas del diario fueron numeradas por Darwin, en unos casos en la esquina derecha y en otros en la izquierda en un cuaderno de páginas en blanco (ahora amarillas) y en una secuencia alfabéticonuméricoicónica que hasta el momento ha sido indescifrable para los especialistas del servicio secreto británico.

El diario recoge las observaciones realizadas por Darwin a lo largo de 819 páginas de anotaciones, dibujos y garabatos. Sólo les podemos ofrecer unas pocas líneas reproducidas con permiso del English Heritage (Darwin Collection at Down House), William Huxley Darwin y “M” del Servicio Secreto Británico.

1831 (25 de Octubre)

Por fin he subido al Beagle.  Tal como me había señalado Sir Thomas Davenport, encargado de la sección Asuntos Secretos del Almirantazgo (ASA), se ha puesto en contacto conmigo el marinero de segunda Stokes, miembro del servicio secreto, que me ha pasado disimuladamente lo que creo que es una galleta típica del menú cotidiano de la Armada Británica. He intentado comerla y entonces he entendido el por qué las tripulaciones han de ser secuestradas por la fuerza bruta. Stokes me ha observado un tanto sorprendido, se me ha acercado disimuladamente mientras baldeaba el puente y me ha susurrado “señor, ¿por qué intenta comerse las instrucciones del almirantazgo”. Efectivamente, escondido en un pedazo de arcilla hueca pude sacar un pequeño billete: “Ultimas noticias: ¡cuidado, mr. Darwin, es posible que FtizRoy conozca su identidad!. Davenport”.

(27 de Octubre)

Al fin el capitán ha subido a bordo. La marinería ha formado en cubierta y se han podido escuchar unos pitidos estridentes que deben tener algún significado que desconozco pues a un gesto del capitán han tirado al marinero que soplaba el silbato por la borda. El capitán se me ha acercado:

– Usted no es de la tripulación… señor…

– Darwin, Charles Darwin -le respondo- Soy el agregado científico.

– Encantado de conocerle señor Darwin, intentaremos hacerle su estancia en el Beagle lo más agradable posible.

En realidad mi primera impresión es que FitzRoy es un hombre agradable. Pero también mi experiencia me dice que tras los hombres agradables pueden esconderse mentes  criminales cuyo único objetivo es dominar el mundo.

A continuación me presenta al su primer oficial, un sujeto calvo como una hogaza de pan, aparentemente siempre vigilante desde sus ojos saltones, inquietos y estrábicos y una media sonrisa que de cerca resulta ser la cicatriz de un sablazo en plena cara. Yo lo conocía. De hecho el sablazo era una consecuencia de la acción de mi propio sable unos años atrás.

-Le presento a mi primer oficial y hombre de confianza, John Ignatius Güert.

Güert clavó sus ojos estrásbicos en los dos extremos del puente.

-Volvemos a encontrarnos sr. Darwin…

Decididamente aquel hombre no me gustaba un pelo.

 

Peruggio Vicenttato della Figuona, con apenas cuatro años era considerado un niño travieso, a los cinco todo un bandarra y con siete años ya figuraba en los tablones de Quántico  en la lista de los 10 menores más buscados por el FBI. 

 A la edad de 5 años tuvo su primer encuentro con la Benemérita, con ocasión de haber sido sorprendido y denunciado por Doña Josefa  “La Barata” hurtando unas gominolas en forma de animalillos de su pequeño colmado de dulces y artículos de pirotecnia. A los dos días el pequeño y escasamente lucrativo negocio de doña Josefa quedó reducido a unas pocas brasas humeantes. No pudo demostrarse la implicación y mucho menos la autoría de Peruggio Vicentatto, pero el cabo del puesto de la Guardia Civil más cercano, ubicado en Ponttata Chicuela, tuvo la mosca tras la oreja, al menos durante un par de semanas.

Recién cumplidos los seis años Peruggio Vicenttato della Figuona ya era líder de una pequeña banda de malhechores de baja estatura cuyos desmanes causaron un cierto desasosiego en la doctora Nanny Rice, a la sazón psicóloga del colegio público Antoine Suspensoire al que acudía Peruggio a cursar su escolaridad obligatoria.

Sin embargo, el evento que nos obliga a incluir a Peruggio Vicenttato en la galería de Vidas Ejemplares tuvo lugar cuando recién había cumplido los 8 años. En el comienzo de aquel curso escolar Peruggio optó por la asignatura de Religión Católica, y ello en lugar de escoger Valores Sociales y Culturales, tal como habían hecho todos sus jóvenes amigos delincuentes. ¿Por qué?… eso es algo que es posible nunca sepamos. Quizás de entre las diferentes versiones la más plausible sea la que se refiere a la pequeña charla que Peruggio tuvo con el Pater Smorronne en el pequeño confesionario que hacía las veces de despacho del mencionado clérigo y de la que, cuentan, salió transfigurado y con altos niveles de transpiración.

No sólo tuvo que sufrir Peruggio la mofa de sus compañeros con el consiguiente sufrimiento psíquico y daños colaterales en su propia autoestima. También hubo consecuencias en el terreno de lo físico, así, los viernes por la tarde a la salida de la escuela, y hasta algún miércoles, se sometía mansamente a los puñetazos, patadas y gargajos que le enviaban sus antiguos colegas de correrías. Pero tanto sufrimiento inevitablemente había de llevar a algún tipo de recompensa o, como decía Nanny Rice, motivación positiva externa.

Y así fue. En el examen final de Valores Sociales y Culturales, convocado a la misma hora y en la misma aula que Religión Católica, después que Peruggio Vicenttato della Figuona no tuviera ni idea de las respuestas, ya que había pasado la noche en adoración nocturna en lugar de estudiar, justo a los doce minutos y ocho segundos de comenzar el examen, un resplandor invadió el aula (en otras circunstancias hubiera hecho imposible cualquier intento de proyección en la pantalla, ya que el aula carecía de cortinas) y una paloma refulgente depositó mansamente en la mesa de Peruggio las respuestas del examen de Religión Católica.

Quizás todo esto hubiera pasado desapercibido y jamás hubiera formado parte de nuestra sección de Vidas Ejemplares si no fuera porque en el momento en que la radiante paloma sobrevolaba, majestuosa, el aula 3-B, sucedían cuatro fenómenos en paralelo: (a) Loretta Weïsmaïer hacía una foto con su Smartphone (que adjuntamos), (b) un búho ratonero arrancaba la foto de Peruggio del tablón de Quántico, (c) el colegio público Antoine Suspensoire fue seleccionado personalmente por Wert para someterse a una evaluación diagnóstica y (d) las bengalas y fuegos de artificio del nuevo establecimiento de Doña Josefa  “La Barata”  iluminaron el cielo de forma inexplicable, al mismo tiempo que la tienda volvía a reducirse a unas pocas brasas humeantes para desesperación de su dueña.

Lo que nos ahorramos en PISA.

Diciembre 14th, 2010

La secretaria Ejecutiva de Política Social del PPCV ha señalado, en relación a la “invisibilidad” de la Comunidad Valenciana en el informe PISA, que ampliar la muestra de los 16 centros donde se ha realizado a los 50 centros que implicaba la evaluación, “supondría un coste aproximado de 100.000 euros más” lo que ha calificado de “gasto innecesario, ya que se vienen realizando numerosas evaluaciones y el diagnostico y las necesidades educativas que hay que aplicar ya son conocidas”. Y ha continuado: “no hacen falta más diagnósticos ya que la Conselleria de Educación viene realizando sus propias pruebas mucho más detalladas y concretas” .
Lo que no dice la secretaria Ejecutiva de Política Social del PPCV es en qué se podría gastar lo ahorrado.
Así, tomando como referencia el catálogo de “artículos religiosos Brabander” (http://www.articulosreligiososbrabander.es/index.php):
Con el dinero ahorrado se podrían comprar, como pequeño recuerdo de las entrañables fiestas navideñas, 320 copones de metal cincelado y baño en oro para la Consellería de Educación (Ver Copón Mod. 1044). Por supuesto que resultaría más digno el copón modelo 18, pero en ese caso habríamos de conformarnos con un total de 140 copones, a todas luces insuficientes para el colectivo de devotos que diariamente trabajan en la Avenida de Campanar.
Por poner otro ejemplo, con los 100.000 euros ahorrados se podría dotar a un total de 972 despachos de dirección de nuestras escuelas con un Sagrado Corazón de Jesús (modelo R. 161).
Si pensamos en reclinatorios, indicados para que los alumnos expongan sus dudas en las nuevas clases de educación sexual ideadas desde la Consellería, se podrían comprar un total de 476, al menos del modelo 73, económico donde los haya.
Por último, situémonos en el hipotético caso que se obligara, injustamente, a la administración valenciana a participar en las evaluaciones que dan lugar al informe PISA… qué mejor que anticiparse gastándose los 100.000 euros en 547 Vírgenes Auxiliadoras (modelo R.184), a enviar a centros especialmente problemáticos, esperando su auxilio y ayuda. Es cierto que algunos centros no necesitan auxilio sino simplemente un milagro: ahí está el mod. A.29 de la Virgen de Lourdes, aunque es cierto que en este caso sólo daría para 374 centros.

Durante unos cursos de verano de la Universidad de Nápoles, celebrados en la localidad de Licola, ha sido detenido Cesare Cognagzzo, uno de  los jefes de la logia universitaria camorrista napolitana denominada CCC (Críticos contra la calidad total).

 La policía italiana de la Educación Superior y, en concreto, en una operación llevada a cabo entre el grupo especializado en delitos docente-tecnológicos y la división Antimafia bolognesa, coordinada por el Comendattore Pierangelo Dellabacora, ha detenido a Cesare Cognagzzo, considerado el jefe del peligroso y sanguinario clan mafioso de los CCC “críticos contra la calidad-total”, clan que ejerce su criminal actividad en el campus di Penne e rigatte, uno de los tres grandes campus que conforman la Universidad de Nápoles.

Según informan fuentes policiales, Cognagzzo, uno de los treinta prófugos de la educación superior más peligrosos de Italia, fue arrestado ayer por la mañana en un pequeño aulario de la localidad de Licola, próxima a Nápoles, en la costa suroccidental italiana.

El supuesto mafioso, de 50 años y cuñado de Enrico Gutapercha (brazo derecho de Raffaele Bachorretti), estaba huido de la Justicia desde marzo de 2009, (huyó aprovechando un permiso para asistencia a Congreso), y sobre él pesan las acusaciones de No Seguimiento de Guía Académica y No Utilización de Recursos Electromagnético-docentes

Cognagzzo  estaba considerado el sucesor de Bachorretti  al frente del clan de los “críticos contra la calidad-total”, que salió vencedor ante el clan Toni Di Porca de la sangrienta lucha dialéctica entre grupos rivales de la Camorra Universitaria que tuvo lugar en el salón de Grados del campus napolitano de Scampia entre 2004 y 2005.

El clan de los “críticos contra la calidad total”, también llamado clan Cognagzzo, controla el campus universitario napolitano de Scampia y las facultades vecinas de Arzano, Casavatore, Mugnano y Melito; su actividad se centra en ignorar y no valorar cuantas acciones estratégicas se diseñan para alcanzar el objetivo de la calidad total desde un marco tecnológico derivado de la sociedad del conocimiento en el escenario de la formación a lo largo de la vida.

Cesare Cognagzzo fue atrapado “in-fraganti” cuando, a primera hora de la mañana, se disponía a impartir un curso de verano titulado “Perífrasis perifrástica en el medievo” pretendiendo utilizar un pedazo de tiza y una vieja pizarra para desarrollar su perorata. Parece confirmarse que la detención pudo llevarse a cabo gracias a un “chivatazo” de un arrepentido de la “Camorra”. La policía, por boca del Comendattore Dellabacora, ha confirmado que en el registro a su habitación no se ha encontrado ordenador alguno, lo cual pone a Cognagzzo en una situación complicada frente a la justicia.

Dr. De Alba y Mingitorio.

Asesor y Delegado Personal de Diputado Provincial.

No deja de resultar curioso y hasta chocante que en tiempo de crisis comiencen a escucharse voces a modo de graznidos desafinados que claman por la desaparición de las Diputaciones Provinciales so pretexto de poner en duda su utilidad y los gastos que las mismas generan. Resulta evidente que es el desconocimiento, la ignorancia, quizás la incultura o… ¿por qué no? la ineptitud, el estado natural que ha llevado a alguien a poner en duda la existencia de esas instituciones tan profundamente arraigadas en la praxis popular como lo son las Diputaciones Provinciales.

 Crisol de ciudadanos-modelo que han hecho de su vida una forma de servicio y sacrificio a sus semejantes, forja de proyectos de desarrollo, progreso y perfección para los pueblos de España, nunca se verá a los grandes partidos políticos de este país poner en duda la existencia o utilidad de tal motor de avance y futuro. Y ahí radica justamente una de las mayores grandezas y facultades de las Excelentísimas Diputaciones: haber logrado un punto de acuerdo entre los partidos, el de no someter jamás a discusión, debate y mucho menos a consulta popular la existencia de las Diputaciones Provinciales.

 Tratar de encontrar sentido y utilidad a una institución que ha venido funcionando desde 1836 significa perjurar de la tradición, esputar encima de nuestros orígenes, olvidar quiénes somos y de dónde venimos. ¿Se le busca sentido quizás al amor?… simplemente está ahí, nos conformamos que aparezca cuando aparece… ¿Se le busca sentido a una manzana?… ¿Tiene sentido una melodía de Mozart?… entonces… ¿porqué buscarle sentido a las Diputaciones Provinciales?.

 Poner en duda los gastos que generan las Diputaciones Provinciales no es, por otra parte, sino una muestra del más puro, y no por ello menos rancio, positivismo materialista. A todos aquellos que se ufanan en denunciar de forma falsa y anónima los supuestos dispendios de las Diputaciones, pregunto, y sólo a modo de ejemplo… si no fuera por la Excelentísima Diputación de Valencia… ¿cómo se hubiera podido financiar la restauración de dos chalecos del torero Juan Jiménez “El Morenillo”?

 Ya lo señaló el Diputado de Asuntos Taurinos, sr. Prieto: “La labor que se ha realizado en el Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Generalitat Valenciana ha sido un trabajo exquisito por el análisis de los materiales, los ocho meses que han dedicado a restaurar estos dos chalecos de un torero como El Morenillo de finales del siglo XVIII y principios del XIX que ha sido muy laborioso pero que han dejado en perfecto estado para que quede en esta exposición para muchos años”.  

Quizás alguien podría decir que ese sólo es un ejemplo de buen hacer, gestionar e invertir, pero que se trata de una excepción que viene a confirmar la regla del dispendio. Y yo le digo… mentira: los chalecos de “El Morenillo”,  torero desconocido pero valiente donde los haya, no es sino el capítulo más reciente de una historia de recuperación de nuestra historia y nuestro orígenes en el ámbito de la tauromaquia que comenzó en el 2003, en un programa de intervención sociocultural que ha propiciado las siguientes restauraciones y acondicionamientos de diferentes objetos como:

 – 2009: Traje de luces completo de color azul utilizado por el matador de toros Paco Camino el 27 de septiembre de 1987, día en el que otorgó la alternativa a su hijo Rafi Camino y con el que se retiró de forma definitiva de los cosos taurinos en la plaza de toros de Nimes.

– 2008: Vestido de torear morado y oro que lució Rafael Molina Lagartijo el día de su despedida de la afición valenciana el 28 de mayo de 1893 y estoque utilizado en ese mismo día por el diestro.

– 2007: Vestido de torear negro azabache que el matador Antonio Sánchez El Tato utilizó con motivo de la muerte de su suegro Francisco Arjona Cúchares en 1869

– 2006: Traje de luces y chaleco atribuido al torero Antonio Ruiz El Sombrerero (principios del siglo XIX).

– 2006: Parte derecha de la taleguilla grana y oro que vistió en Talavera de la Reina el diestro José Gómez Gallito el día de su muerte el 16 de mayo de 1920.

– 2005: Capote crema en seda con bordados de azabache de seda que Manuel Granero utilizó por luto de la muerte de su madre. 2005

– 2004: Panoplia con material taurino expuesta en la Exposición Universal de Barcelona en 1888.

– 2003: Chaquetilla grana y oro, chaleco, camisa y corbatín de los hermanos “Fabrilo”, con la que ambos fueron cogidos de muerte en las tardes de del 27/05/1897 y 30/04/1899.

– 2003: Capote de paseo grana con pasamanería que perteneció a Julio Aparicio Fabrilo.

– 2003: Taxidermia Cabeza del toro “Doradito” de la ganadería de Concha y Sierra con el que tomó la alternativa en Sevilla el 28 de septiembre de 1920, Manuel Granero, siendo padrino Rafael Gómez El Gallo.

 Pues bien… la próxima vez que se escuche aquello de “para qué sirven las Diputaciones”, piense en la cabeza del toro “Doradito”  y entonces quizás llegue a la conclusión de qué sólo por eso… valía la pena inventar las Diputaciones.

Pierangelo Fascietti Boccherini (Minestrone, 19 de febrero de 1743 – Casas Ibáñez, 28 de mayo de 1805) fue un profesor y filósofo italiano afincado en sus años más fructíferos, desde un punto de vista intelectual, en España. Sus siete (una de ellas inacabada) teorías sobre la postmodernidad estructural desde una simbiosis epigénica le han dado fama mundial.

Nació en Minestrone  el 19 de febrero de 1743, en el seno de una familia de filósofos. Su padre fue aristotélico y su hermana bailarina de ballet, aunque en los camerinos solía concentrarse citando a sus compañeras La República de Platón. Su hermano Giovanni Fascietti fue autor de libros de texto y de opúsculos de carácter filosófico de cierto prestigio entre los docentes de Bachillerato. Su padre le imparte las primeras lecciones de filosofía a poco de nacer, efectivamente, mientras Pierangelo Fascietti, con apenas un mes de vida mamaba la leche del pecho de su madre, al mismo tiempo mamaba sabiduría de la boca de su padre que le recitaba párrafos de “Ética a Eudemo”, de Aristóteles, incidiendo en elementos de la reflexión aristotélica anteriores a la teoría de la sustancia, por lo que, en cierta medida,  también Fascietti se ve abocado hacia algunos principios del platonismo.

A los dos años Fascietti se interesa por el problema de la felicidad asociado al problema de la moralidad, definiendo de forma precoz su primera tesis relativa a las relaciones incipientes entre las virtudes éticas y las virtudes dianoéticas. Además de las lecciones de su progenitor, la familia decide que el pequeño amplíe conocimientos acudiendo al sacerdote Domenico Perletta, el cual es despedido de su puesto al poco tiempo sin que las circunstancias de dicha separación  hayan sido del todo aclaradas por los biógrafos e historiadores, aunque en su momento corrieron rumores en relación a tocamientos no inocentes por parte del padre Perletta.

Su progreso fue tan fulgurante y comentado que en las  fiestas de Minestrone de 1756 consta su participación en los debates filosóficos organizados por el gremio de filósofos y pensadores; contaba tan sólo 13 años de edad. En parte impresionado por las aptitudes de Pierangelo y en parte un poco cansado del continuo debate filosófico en las horas de la comida y la cena, su padre le envía a París a estudiar con François Pierre Maine de Biran, un filósofo célebre por esa época, que le introdujo en la filosofía del sensualismo y más tarde en el misticismo teosófico. También se familiariza con la obra de Robert Malthus y Karl Wilhem von Humboldt, cuyo famoso tratado Ideen zu einem Versuch, die Grenzen der Wirksamkeit des Staates zu bestimmen impresiona definitivamente al joven filósofo.

En 1757, después de terminar sus estudios en la Scuola Superior de Philosophia de San Edgardo en Cluny, acompañó a su padre, que había logrado obtener plaza de filósofo a tiempo parcial para ambos en la corte imperial austrohúngara.

Ante el relativo poco interés de la corte imperial por el conocimiento filosófico y, por qué no decirlo, acuciado por las deudas, dada su escasa remuneración, Pierangelo Fascietti inicia una gira de actos formativos con su cuarteto de filósofos en-acción creado en 1764 con Johann Kaspar Lavater (fundador de la fisionomía y de la morfopsicología), Pierre Simon de Laplace (autor de Théorie analytique des probabilités) y Alexander Nikolayevich Radishchev (iniciador del radicalismo en la literatura rusa que hubo de abandonar el cuarteto cuando fue exiliado a Siberia por Catalina La Grande).

Entre 1764 y 1768 escribe las dos tesis que inician los prolegómenos de las postmodernidad estructural adyacente.: Aphorismen und Aufzeichnungen y Naturwissenschaftliche Schriften.

 En 1768 se instala en Cuenca (España) con su segunda esposa Filippa Manfredi. Allí publica algunas teorías op.1 y modelos estructuralistas op.2. Poco a poco la fama de Fascietti crece entre el círculo de filósofos. Entonces reaparece en su vida, de nuevo, el padre Domenico Perletta, a la sazón, vicedecano de la universidad católica San Vito Genovesse de Valencia y consigue convencer a ambos de trasladarse a la ciudad de Valencia bajo la protección del rector magnífico, el cardenal prelado Luis Antonio de Rotglá i Campanola, a la sazón, hermano bastardo del rey Carlos III.

Pero lo cierto es que en poco tiempo Pierangelo y Filippa se dan cuenta que la situación no les es tan favorable como habían esperado. A las continuas visitas intempestivas del padre Perletta hay que sumar el hecho de que numerosos filósofos que ya estaban en la universidad San Vito envidian el talento filosófico de Fascietti. Además, a poco de comenzar su docencia, se da cuenta que el género filosófico más apreciado en la universidad católica no es la razón sino la fe.

El año 1785 cambia sustancialmente su vida: su esposa Filippa Manfredi le abandona y huye con un joven matemático de la “otra” universidad de Valencia (Estudio General) y meses después, su protector, el padre Perletta, anciano y en las postrimerías de la vida, es llamado al Vaticano acusado de delitos relativos a la moral. Fascietti abandona la universidad y se enclaustra en una pequeña casa de campo en Casas Ibáñez (Albacete).

Angustiado por las desgracias de la pérdida de su protector y de su segunda mujer, Fascietti se convirtió en un hombre retraído, huraño y solo, dedicándose  a escribir casi sin cesar en los últimos años de su vida, sólo malviviendo de la ayuda económica del Montepío de Filósofos, de forma que la situación de Fascietti  fue empeorando paulatinamente.

Pierangelo Fascietti Boccherini muere el 28 de mayo de 1805, en el pequeño pueblo de Casas Ibáñez, a los 62 años de edad y con su séptima tesis inacabada.

Fascietti fue enterrado en la iglesia de San Justo de la calle del Sacramento de Madrid, hoy basílica pontificia de San Miguel. En 1927 Mussolini en persona se llevó los restos del filósofo a Minestrone para ser enterrados en la iglesia de Santa Gemma Galgani.

Descanse en paz.

El túnel vectolítrico

Junio 10th, 2010

El profesor Bergacurta no se percató que un estudiante había levantado el brazo hasta que finalizó la demostración del Teorema de Pyott-Bofarull en la pizarra y se volvió hacia la clase. Allí, más bien hacia el fondo del aula, entre las mesas situadas junto a las ventanas, un alumno mantenía su brazo derecho levantado.

 –    Dígame – dijo Bergacurta mientras se frotaba los dedos para eliminar restos de tiza.

El estudiante se puso en pie.

–    Profesor… ¿no opina que a estas alturas de desarrollo epistemológico, el teorema de Pyott-Bofarull peca de un historicismo ingenuo fuera de toda explicitación postmoderna?.

Si antes de formular la pregunta, Bergacurta hubiera definido al estudiante como bajito, rechoncho, miope y con cara de ratón de biblioteca… una vez formulada la cuestión, Bergacurta pasó a identificarlo como un enano gordinflas absolutamente ignorante, pedante y… y… y mamón (por ahora no se le ocurría algo más ocurrente que “mamón”).

–    ¿Su nombre?

–    Mi nombre es Golindro, Corssetto Golindro – ¿creerá este imbécil que es el agente cero cero siete?, pensó Bergacurta.

–     Bien, señor Golindro… ¿no opina que si yo pensara que Pyott-Bofarull no sirve para nada… me hubiera ahorrado el estar diez minutos cara a la pizarra, gastando tiempo y tiza y, lo que es más difícil, tratando que ustedes entiendan la concatenación de hergzones y lämpreas a través de la teoría de los nudos corredizos escalziformes establecida hace cuatro décadas por Pyott y su colega Bofarull?.

–    A eso iba, profesor… sinceramente, desde entonces ha llovido mucho, y, como usted sabe, los desarrollos teóricos posteriores a partir de los experimentos en el túnel vectolítrico… -Corssetto Golindro, continuaba en pie, impertérrito, el resto de alumnos escuchándolo como embobados y Bergacurta, con su mano derecha en el bolsillo de su bata blanca, a fuerza de apretar, había convertido en polvillo un pedazo de tiza.

–     Mire usted, señor Golondro…

–     Golindro, profesor –interrumpió el alumno levantando su dedo índice mientras se sentaba. Toda la clase estalló en carcajadas.

–       ¡Bueno, pues como sea!… –a Bergacurta le costó esfuerzos el que se hiciera un medio silencio en el aula- le digo que las experiencias en túnel vectolítrico aún no han podido ser homologadas dada la novedad del artefacto, y por tanto, mi deber es el de transmitirles un conocimiento científico asentado, no el de contarles cuentos chinos e historias para no dormir. Desde estos principios, pues, volvemos a lo que íbamos… daremos un paso más en la demostración que habíamos interrum…

–      Perdón, profesor… si no le importa… -por supuesto… de nuevo Golindro, Corssetto Golindro, pero esta vez ni se molestó en ponerse en pie- ¿cómo puede decir que las experiencias en el túnel vectolítrico no han sido homologadas?… ¿cómo puede entonces explicarse la Conjetura de Gödel-Adams?, su cobertura teórica justamente se basa en la experiencia de Bombetti en el túnel vectolítrico…

–      ¡El túnel de los cojones!- estalló Bergacurta. El silencio en el aula (hasta parecía que el silencio era no sólo del aula, sino de todo el campus) se podía cortar como una navaja barbera lo haría con tarta de queso con arándanos- A ver… ¿quiere experimentar realmente la Conjetura de Gödel-Adams en funcionamiento?… ¿quiere participar en una experiencia no homologada del túnel vectolítrico, señor Golindres?.

–     Golindro –dijo el alumno y en este caso nadie rió.

–      Venga, vamos allá… salga al encerado… no tenga miedo.

 

Corssetto Golindro se puso en pie y caminando despacio por el pasillo entre las mesas subió a la tarima.

 

–    Antes de nada vamos a hacer desaparecer a Pyott-Bofarull… por antiguos y pasaditos… ¿no señor Golindres? –Golindro ya ni se molestó en rectificar-  pero coja, coja el borrador y borre la pizarra, toda la pizarra…

–      No, si yo, en realidad lo que decía es que…

–     ¡Borre la pizarra!, POR FAVOR.

 

Golindro, con ayuda del borrador, hizo desaparecer la demostración del teorema de Pyott-Bofarull en cuestión de segundos.

 

–    Muy bien, señor Galondrón… ahora dibuje un círculo con la tiza… no, no, borre esa ridiculez, haga un círculo bien grande… así, bien, de acuerdo.

 

El círculo dibujado en la pizarra tenía aproximadamente un par de metros de diámetro. Corssetto Golindro permanecía frente al mismo a la expectativa, en una mano un pedazo de tiza y en la otra el borrador.

–      Vamos a ver –dijo Bergacurta alcanzando una tiza- permítame señor Galondrio –empujó suavemente a Golindro y se puso a escribir extrañas fórmulas en el interior del círculo.

No estuvo más de un par de minutos escribiendo. Cuando finalizó, dio un paso atrás y contempló abstraído el conjunto de fórmulas  como si de una obra de arte se tratara. Al fin se volvió hacia el alumno, que contemplaba también la pizarra como hipnotizado.

–    ¿Qué me dice Galindro?

–      Pues… no sé… la verdad profesor Bergacurta…

–       ¡¡ESO es un túnel vectolítrico!!… ¡y Bombetti y su célebre y citada experiencia es un mierda en comparación con lo que vamos a demostrar usted y yo en unos instantes! –Bergacurta no había elevado su voz, de hecho estaba hablando en voz muy baja, pero en el silencio profundo del aula sonaba como si estuviera tronando- Ahora va usted a experimentar la Conjetura de Gödel-Adams… a propósito… ¿sabe la razón por la que las experiencias en túnel vectolítrico aún no han podido ser homologadas y sólo son una conjetura… porque Gödel y Adams no han aparecido todavía.

 

En este punto, Bergacurta puso el brazo en la espalda de Corssetto Golindro y con un vigor impropio de su edad de dio un violento empujón hacia las fórmulas escritas en la pizarra. Golindro, desafiando a la realidad a la objetividad y al conocimiento científico en general, ni se partió la cabeza ni se rompió los morros en la pizarra, simplemente desapareció en la pizarra, como si ésta se lo hubiera tragado… algo parecido a cuando la gente se metía por la puerta del tiempo en la serie Stargate.

–     Bueno, pues eso es el túnel vectolítrico… y la Conjetura de Gödel-Adams… eso para que vean que estoy al día- dijo Bergacurta mientras borraba la pizarra- los alumnos y alumnas de la clase estaban absolutamente petrificados. Los ojos como platos, como tratando de traspasar la pizarra que ahora aparecía impoluta.

 

Justo antes de que una chica de la segunda fila saliera, por fin, del estupor general y comenzara a gritar, Bergacurta dijo:

 

–      Pero vayamos a lo nuestro… continuemos con la demostración del viejo Teorema de Pyott-Bofarull…

Las tecnologías del crimen organizado y la extorsión (TCOE o NTCOE para Nuevas Tecnologías del Crimen Organizado y la Extorsión o CT para “crime technology”) vienen a agrupar todos los recursos, materiales y técnicas utilizados de forma sistemática por grupos y colectivos organizados en el diseño, tratamiento y desarrollo de actos delictivos o criminales de cierta gravedad, en la literatura especializada se suele hacer referencia a: asesinatos, extorsiones, secuestros, atropellos, magnicidios, fratricidios, parricidios, delitos, maldades, infracciones, transgresiones, fechorías, injusticias y, por supuesto, homicidios.

 Las TCOE en sí mismas no constituyen ni la panacea ni la solución inmediata a cualquier plan o previsión de acto delictivo, pero sí es cierto que facilitan la consecución de objetivos criminales desde la perspectiva de la eficacia y la eficiencia. Es a través de las TCOE que podemos observar con optimismo la consecución de las Competencias Estratégicas del Criminal Organizado del Milenio establecidas en el XIX Simposium de la Sociedad Internacional de Estudios Avanzados del Crimen y muy especialmente en lo que hace referencia a “Maldad a lo largo de la vida”. (Vittorio Santomazzio Lugartelli, Secretario General de la Organización Mundial del Crimen. Discurso Inaugural del XIX Simposium de la SIEAC. Montelussa. Italia. 2008)

 La utilización de las TCOE entre los sicarios de una organización criminal ayuda a disminuir la brecha formativa existente entre los miembros de dicha organización que pueden provenir de orígenes socioculturales y geográficos diferentes.

 Según el célebre capo mafioso y pionero indiscutible en la construcción de un modelo teórico fundamentado de las TCOE, Giovanni Fabretta Collonnini, deberíamos considerar las TCOE como un concepto dinámico y sujeto a los cambios y variaciones que impone el desarrollo tecnológico-estratégico en un mundo cambiante y globalizado del delito. Fabretta no sólo hace referencia a la evolución de los instrumentos y materiales, sino también al dominio progresivo que han ido adquiriendo las grandes multinacionales del crimen y los problemas que ello está generando en la supervivencia de las pequeñas y medianas “famiglias” y bandas criminales locales. En ese sentido, Donatto Wilfredo “Mandolina”, líder del movimiento de los pequeños y medianos homicidas, señala la intromisión de las grandes corporaciones del crimen en las problemáticas locales, con la consiguiente pérdida progresiva de la libertad individual para delinquir y ganarse la vida con ello.

Este intrusismo derivado de la globalización del crimen no para de crecer y de extenderse, con el riesgo de acentuar la llamada Brecha Criminal, estableciendo, si cabe, mayores distancias entre delincuentes locales “de toda la vida” y delincuentes “con titulación internacional”. Al final, a un consumidor medio, le cuesta más un homicidio por degüello con la cuerda de una mandolina –especialidad del autor- que el llevado a cabo por un asesino con un diploma en anatomía y realizado con un hilo casi microscópico de titanio iridiado y a eso no hay derecho (pg. 128). Donatto Wilfredo “Mandolina”: Desmitificando las TCOE: delincuencia y resistencia. En Journal of Crime Studies. Vol. 2, nº 4: 112-131.

 En la actualidad, las investigaciones y desarrollos teóricos ulteriores del modelo inicial de Fabretta, han derivado en un potente corpus teórico y en un interesante debate de corte epistemológico sobre el valor de las TCOE en la sociedades criminales actuales. Sólo destacar, entre otros, el grupo de filósofos italoamericanos de la delincuencia denominado “el Círculo de Moriarty”, de entre cuyas filas destaca Frank Cossimo quien fue galardonado el año pasado con el codiciado premio “Corleone” por su ensayo titulado:  Etica del canalla: más allá de la violencia gratuita (de próxima aparición por la Editorial “Crimen sin Castigo”). En cuanto al ámbito de la investigación aplicada cabe destacar la línea desarrollada por el grupo “A sangre fría” que hace dos años dio lugar a la conocida revista trimestral “A review of research and development of Crime and Violence”. En la actualidad es de destacar la influencia creciente de la tecnología japonesa en las TCOE a través de las publicaciones y seminarios del Centro Superior de Formación de Yakuzas.

 Por último, nuestro país, como en otros tantos campos del desarrollo científico, no se encuentra precisamente a la vanguardia de las TCOE, constituyéndose el mundo criminal en una especie de simbiosis dialéctica donde, en ocasiones, no es fácil diferenciar el crimen organizado de la acción política. Aun así, sería injusto no citar, al menos a: José Antonio Rodríguez Vega, “El Mataviejas”; a Manuel Delgado Villegas, conocido como “El Arropiero”; a Francisco García Escalero, “El Mendigo Asesino” ;  a Gilbert Chamba Jaramillo, “El Monstruo de Machala” o a chapuceros que, al contrario de los señalados anteriormente, no pueden ser identificados como serial killers sino más bien como serial badmades (malhechores en serie), tal como el bigotes, el trajes, el tontoelculo, etc… 

Al repasar los apuntes recogidos, a lo largo de varias décadas, con los que, en ocasiones, he tratado de ilustrar las dotes extraordinarias de mi amigo el señor Sherlock Holmes, me encuentro con que son tantos los casos que presentan características extrañas y sorprendentes que me resulta difícil elegir cuáles exponer al juicio de mis lectores y cuáles no. Hay algunos que ya consiguieron suficiente publicidad en los periódicos y hay otros que un mínimo de delicadeza –y, por supuesto, el honor propio de quien trata con caballeros- obliga a un secreto total, tal es el caso, por ejemplo, de los Crímenes de la Biblioteca Reglá, protagonizada por la Sociedad de Profesores Jubilados y de la que he jurado no dar cuenta hasta que hayan fallecido todos sus protagonistas… o, al menos, hayan perdido sus influencias. En la carpeta correspondiente al año 87 me encuentro con una larga serie de casos de mayor o menor interés en los que mi amigo puso en juego sus extraordinarias habilidades. Entre ellos, por ejemplo, los papeles que hacen referencia a los hechos relacionados con la sustracción del Aula Virtual de la University y que, el público recordará, apareció en perfectas condiciones de uso, a los pocos días, y gracias a las dotes deductivas de mi amigo, en un servidor de una empresa de ventas por correspondencia; también me encuentro con el caso de las extraña aventura del Caso de la Igualdad de Género, donde Holmes se superó en su habilidad camaleónica en su utilización del disfraz, y finalmente, con el del envenenamiento ocurrido en Phisosophia’s CanteenM;  se recordará que en este último caso consiguió Sherlock Holmes demostrar que el muerto, el Decano del Centro, Sir Hubbert Alistair, había dado cuenta de un plato de black rice hecho con tinta Caran d’ache, a todas luces la más letal de todas las tintas, al menos de color negro. Quizás desarrolle, más adelante, los bocetos de estos y otros sucesos, pero lo cierto es que ninguno de ellos presenta características tan sorprendentes y de un final tan extraordinario como las del extraño encadenamiento de circunstancias para cuya descripción me he decidido a sentarme y ponerme a escribir. 

Esto ocurrió algo después de que mi amigo recuperase la salud después de la tensión a la que se vio sometido como consecuencia de la frenética actividad a la que estuvo entregado durante la primavera del 87. Todo el asunto de la Giurtell  Company y los proyectos no por malvados menos colosales del baronet Countri’s están aún hoy muy frescos en la memoria del público, y se hallan relacionados estrechamente con el mundo de la política autonómica y del caso denominado MTIR (“my taylor is reach”), no siendo por ello temas adecuados para la serie de historias con los que mis lectores tienen la amabilidad de explayarse. Sin embargo, ese affaire condujo, aunque de manera indirecta y caprichosa a una  situación, por lo demás extraña y compleja que si bien, no dio a mi amigo la oportunidad de demostrar la habitual eficacia y eficiencia de su mente analítica en la batalla de toda su vida contra el crimen, a mí sí me dio la oportunidad de crear a uno de los héroes más grandes que la Gran Bretaña ha dado al mundo.

 Nos encontrábamos en los últimos días de septiembre y las tormentas equinocciales se habían echado encima con una violencia excepcional. Se encontraba Holmes sentado en su sillón favorito, vestido con su batín y pasando melancólicamente el arco por las cuerdas de su violín. Si exceptuamos que, de cuando en cuando, se atiborraba de cocaína, en realidad Holmes no tenía más vicios que el consumir una pipa tras otra de un tabaco con un aroma que podía fácilmente confundirse con el olor a putrefacción o  imitar con su violín la agonía de una familia (numerosa) de gatos, y si caía en esos vicios no era sino como remedio a la monotonía de su existencia cuando escaseaban los asuntos sometidos a su condición detectivesca o los periódicos eran incapaces de suscitar su interés.

 Hubo un momento en el que el ulular del viento y de la tempestad del exterior pareció fundirse con la música (¿he escrito música?) del violín de Holmes hasta darme la impresión que Baker Street se había convertido en una inmensa pizarra escolar arañada por las sucias e irregulares uñas de un gigante.

– ¡Hola! –dijo Holmes alzando la vista y disponiéndose a guardar el violín- veo que ha comenzado a escribir unos de sus chocantes relatos, Watson.

–   ¿Chocantes?…

–    Por supuesto, querido amigo… no dejan de ser unos esbozos chocantes y primarios de episodios para cuya resolución sólo fue necesaria la aplicación de una lógica deductiva al alcance de cualquiera que haya entrenado su cerebro para identificar lo obvio – dijo en una especie de cloqueo que pretendía ser una risa.

 En esos momentos y escuchando a Holmes, mi buen amigo y compañero, mi mayor placer hubiera sido el introducirle, sin prisas pero sin pausas, la plumilla por un ojo y quizás atravesar su cerebro y comprobar si también estaba entrenado para funcionar con una pluma en su interior… aunque también es cierto que, en ocasiones, me sorprendía a mí mismo imaginando cómo le rompía  el violín en los morros y, de paso, con un poco de habilidad, le hacía  tragar su magnífica pipa de espuma.

 –    Holmes, sólo trato de dar a conocer algunos de sus casos que, como sabe, tanto éxito tienen en el Strand.

–    ¡Ah!, querido amigo… de eso precisamente quería hablarle… del canon que me corresponde como protagonista de las historias que usted luego transcribe bajo un formato…  si no chocante, coincidirá conmigo que populachero.

–    ¿Canon?… – esta situación era alucinante, toda la tarde con el maldito violín y en el momento que se me ocurre ponerme a escribir, el grandísimo plasta de Holmes me viene con una cháchara absurda sobre un canon que supuestamente le corresponde.

–   Por supuesto, Watson… y al hablar de canon no me refiero en absoluto a la composición de contrapunto en que sucesivamente van entrando las voces, repitiendo o imitando cada una el canto de la que le antecede. Me refiero a la prestación pecuniaria por explotar mis derechos de héroe… ¿acaso no conoce el caso de Little Ramón contra la piratería de sus melodías en los music-halls? –en este punto mi querido y gilipollas amigo se detuvo a encender de nuevo su pipa maloliente, sin darme tiempo a reaccionar, pues cuando me disponía a hacerlo me envió una bocanada de humo que además de dejarme medio ciego daba ganas de vomitar- pues siguiendo su ejemplo, algunos colegas nos hemos unido en la Sociedad General de Detectives Deductivos y a propuesta del amigo Moinseur Poirot…

–   ¡Pero Holmes… si usted odia a los franceses…!

–    Y continúo odiándolos… pero Poirot es belga y coincidirá conmigo en que eso cambia las cosas… en todo caso, le decía que a propuesta de Hércules…

–      ¿Hércules?… -¿qué diablos tenía que ver la mitología griega en esta historia?

–     Hércules Poirot, por supuesto… -en pocas ocasiones había visto a Holmes referirse a alguien que no fuera un rufián por su nombre de pila… sin ir más lejos, a mí jamás me había llamado James. No puedo por menos que confesar que sentí una punzada de celos de aquel advenedizo que había conseguido suscitar  la amistad de mi compañero de piso y de aventuras… sería belga, pero hablaba como un franchute… en todo caso ¿cuál es la diferencia entre un francés y un belga?

–    A propuesta de Hércules Poirot, los componentes de la Sociedad General de Detectives Deductivos hemos decidido gravar con un canon las ganancias derivadas de la transcripción, sea cual sea su formato, de nuestras aventuras –Holmes, en este punto y esperando mi reacción, compuso una de sus amplias sonrisas de suficiencia.

 Quizás en aquel momento y ante aquella sonrisa puede darme cuenta que mi amigo el señor Sherlock Holmes era un mierda como la copa de un pino. Años y años aguantando su suficiencia, su pedantería y sus aires de superioridad… años y años aguantando su maldito violín, su miserable pipa, sus execrables experimentos… y lo peor de todo… años y años con el corazón en un puño mientras la señora Hudson y yo le ocultábamos nuestra relación tormentosa, aprovechando los escasos momentos en los que salía del apartamento. En ese momento tomé una decisión: se acabó Sherlock Holmes… más claro y preciso si cabe: a tomar por culo Sherlock Holmes.

 –    Lo siento, amigo –le contesté a Holmes, que continuaba sonriendo- pero lo cierto es que no pensaba escribir ninguna de sus… ¿cómo las ha definido?… chocantes, eso es, chocantes aventuras.

–    ¡Hola, Watson! –dijo Holmes- ¿pretende engañarme?… usted se ha sentado a la mesa después de trastear entre viejos apuntes de antiguos casos… ha afilado el plumín de su pluma predilecta y ha alcanzado un bloque de folios en blanco de los de grano grueso… ¿conclusión? Se dispone a comenzar con uno de esos casos en los que yo mismo he de enfrentarme a la maldad del doctor Moriarty a través de la ciencia de la observación y la deducción.

–     ¡Pues NO!, Holmes… se ha “colao”… –seguramente era la primera ocasión en la que veía a Holmes con su sonrisa convertida en un rictus de sorpresa

–    ¿Cómo que me he colado?… ¿qué insinúa, Watson?

–    Es cierto que me dispongo a escribir una aventura para el Strand… pero no es sobre usted, querido amigo, y  puede decirle a Hércules Poirot y a su Sociedad General de Detectives Deductivos que no pienso pagar ni un penique, ya que el héroe de mi historia no pertenece, ni pertenecerá jamás, a esa sociedad de mamomes estirados y de solteronas metomentodo con zapatones -sinceramente, no creo que si le hubiera estampado el violín contra los morros hubiera conseguido una expresión se sorpresa mayor de la que en aquel momento evidenciaba mi querido amigo y compañero.

–     ¿Y quién es él? –logró balbucear.

Se me ocurrió en ese momento… y además, su nombre de pila sería igual que el mío.

–   Su nombre es Bond… James Bond.