El túnel vectolítrico

junio 10th, 2010

El profesor Bergacurta no se percató que un estudiante había levantado el brazo hasta que finalizó la demostración del Teorema de Pyott-Bofarull en la pizarra y se volvió hacia la clase. Allí, más bien hacia el fondo del aula, entre las mesas situadas junto a las ventanas, un alumno mantenía su brazo derecho levantado.

 –    Dígame – dijo Bergacurta mientras se frotaba los dedos para eliminar restos de tiza.

El estudiante se puso en pie.

–    Profesor… ¿no opina que a estas alturas de desarrollo epistemológico, el teorema de Pyott-Bofarull peca de un historicismo ingenuo fuera de toda explicitación postmoderna?.

Si antes de formular la pregunta, Bergacurta hubiera definido al estudiante como bajito, rechoncho, miope y con cara de ratón de biblioteca… una vez formulada la cuestión, Bergacurta pasó a identificarlo como un enano gordinflas absolutamente ignorante, pedante y… y… y mamón (por ahora no se le ocurría algo más ocurrente que “mamón”).

–    ¿Su nombre?

–    Mi nombre es Golindro, Corssetto Golindro – ¿creerá este imbécil que es el agente cero cero siete?, pensó Bergacurta.

–     Bien, señor Golindro… ¿no opina que si yo pensara que Pyott-Bofarull no sirve para nada… me hubiera ahorrado el estar diez minutos cara a la pizarra, gastando tiempo y tiza y, lo que es más difícil, tratando que ustedes entiendan la concatenación de hergzones y lämpreas a través de la teoría de los nudos corredizos escalziformes establecida hace cuatro décadas por Pyott y su colega Bofarull?.

–    A eso iba, profesor… sinceramente, desde entonces ha llovido mucho, y, como usted sabe, los desarrollos teóricos posteriores a partir de los experimentos en el túnel vectolítrico… -Corssetto Golindro, continuaba en pie, impertérrito, el resto de alumnos escuchándolo como embobados y Bergacurta, con su mano derecha en el bolsillo de su bata blanca, a fuerza de apretar, había convertido en polvillo un pedazo de tiza.

–     Mire usted, señor Golondro…

–     Golindro, profesor –interrumpió el alumno levantando su dedo índice mientras se sentaba. Toda la clase estalló en carcajadas.

–       ¡Bueno, pues como sea!… –a Bergacurta le costó esfuerzos el que se hiciera un medio silencio en el aula- le digo que las experiencias en túnel vectolítrico aún no han podido ser homologadas dada la novedad del artefacto, y por tanto, mi deber es el de transmitirles un conocimiento científico asentado, no el de contarles cuentos chinos e historias para no dormir. Desde estos principios, pues, volvemos a lo que íbamos… daremos un paso más en la demostración que habíamos interrum…

–      Perdón, profesor… si no le importa… -por supuesto… de nuevo Golindro, Corssetto Golindro, pero esta vez ni se molestó en ponerse en pie- ¿cómo puede decir que las experiencias en el túnel vectolítrico no han sido homologadas?… ¿cómo puede entonces explicarse la Conjetura de Gödel-Adams?, su cobertura teórica justamente se basa en la experiencia de Bombetti en el túnel vectolítrico…

–      ¡El túnel de los cojones!- estalló Bergacurta. El silencio en el aula (hasta parecía que el silencio era no sólo del aula, sino de todo el campus) se podía cortar como una navaja barbera lo haría con tarta de queso con arándanos- A ver… ¿quiere experimentar realmente la Conjetura de Gödel-Adams en funcionamiento?… ¿quiere participar en una experiencia no homologada del túnel vectolítrico, señor Golindres?.

–     Golindro –dijo el alumno y en este caso nadie rió.

–      Venga, vamos allá… salga al encerado… no tenga miedo.

 

Corssetto Golindro se puso en pie y caminando despacio por el pasillo entre las mesas subió a la tarima.

 

–    Antes de nada vamos a hacer desaparecer a Pyott-Bofarull… por antiguos y pasaditos… ¿no señor Golindres? –Golindro ya ni se molestó en rectificar-  pero coja, coja el borrador y borre la pizarra, toda la pizarra…

–      No, si yo, en realidad lo que decía es que…

–     ¡Borre la pizarra!, POR FAVOR.

 

Golindro, con ayuda del borrador, hizo desaparecer la demostración del teorema de Pyott-Bofarull en cuestión de segundos.

 

–    Muy bien, señor Galondrón… ahora dibuje un círculo con la tiza… no, no, borre esa ridiculez, haga un círculo bien grande… así, bien, de acuerdo.

 

El círculo dibujado en la pizarra tenía aproximadamente un par de metros de diámetro. Corssetto Golindro permanecía frente al mismo a la expectativa, en una mano un pedazo de tiza y en la otra el borrador.

–      Vamos a ver –dijo Bergacurta alcanzando una tiza- permítame señor Galondrio –empujó suavemente a Golindro y se puso a escribir extrañas fórmulas en el interior del círculo.

No estuvo más de un par de minutos escribiendo. Cuando finalizó, dio un paso atrás y contempló abstraído el conjunto de fórmulas  como si de una obra de arte se tratara. Al fin se volvió hacia el alumno, que contemplaba también la pizarra como hipnotizado.

–    ¿Qué me dice Galindro?

–      Pues… no sé… la verdad profesor Bergacurta…

–       ¡¡ESO es un túnel vectolítrico!!… ¡y Bombetti y su célebre y citada experiencia es un mierda en comparación con lo que vamos a demostrar usted y yo en unos instantes! –Bergacurta no había elevado su voz, de hecho estaba hablando en voz muy baja, pero en el silencio profundo del aula sonaba como si estuviera tronando- Ahora va usted a experimentar la Conjetura de Gödel-Adams… a propósito… ¿sabe la razón por la que las experiencias en túnel vectolítrico aún no han podido ser homologadas y sólo son una conjetura… porque Gödel y Adams no han aparecido todavía.

 

En este punto, Bergacurta puso el brazo en la espalda de Corssetto Golindro y con un vigor impropio de su edad de dio un violento empujón hacia las fórmulas escritas en la pizarra. Golindro, desafiando a la realidad a la objetividad y al conocimiento científico en general, ni se partió la cabeza ni se rompió los morros en la pizarra, simplemente desapareció en la pizarra, como si ésta se lo hubiera tragado… algo parecido a cuando la gente se metía por la puerta del tiempo en la serie Stargate.

–     Bueno, pues eso es el túnel vectolítrico… y la Conjetura de Gödel-Adams… eso para que vean que estoy al día- dijo Bergacurta mientras borraba la pizarra- los alumnos y alumnas de la clase estaban absolutamente petrificados. Los ojos como platos, como tratando de traspasar la pizarra que ahora aparecía impoluta.

 

Justo antes de que una chica de la segunda fila saliera, por fin, del estupor general y comenzara a gritar, Bergacurta dijo:

 

–      Pero vayamos a lo nuestro… continuemos con la demostración del viejo Teorema de Pyott-Bofarull…



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