Transcribimos a continuación parte del manuscrito original encontrado en el interior del estómago de un ejemplar de pingüino de penacho amarillo de la extensa colección de taxidermia ubicada en el Sector de Ciencias Naturales del Museo Histórico y de Ciencias Naturales Monseñor Fagnano, ubicado en la Misión Salesiana al norte de la ciudad de Río Grande, provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

Dicho manuscrito fue descubierto, a causa de un accidente fortuito, en 1933 por un novicio salesiano encargado de la limpieza del mencionado museo.

Informado el gobierno británico del contenido y autoría documento por la célebre doble espía responsable, en aquello tiempos, de la sección Patagonia y Antártida, Lona Theresa Cohen, también llamada Leontine, y también conocida durante su estadía en Londres como Helen Kroger (11 de enero de 191323 de diciembre de 1992) (para los lectores no iniciados en el mundo del espionaje internacional, sólo apuntar que se trata de una conocida espía estadounidense al servicio de la Unión Soviética, pero que eventualmente trabajaba como free-lance para el M16 británico (Secret Intelligence Service). Para más información:  http://es.wikipedia.org/wiki/Lona_Cohen).

Ya en poder del servicio secreto británico, inmediatamente se estableció la autoría de los documentos sin ningún género de dudas,  identificándolos como parte del llamado Secret Diary of Beagle Mission de Charles Robert Darwin. Hasta hace unos meses no se levantó el secreto del llamado “caso Darvin” (se cambió la “w” por “v” como forma de identificar el dossier en clave de difícil acceso), y pudimos asistir a la sorprendente revelación de que Charles Robert Darwin, más conocido como Charles Darwin o, más aún, por Darwin, en realidad fue un agente del Servicio Secreto Británico cuya misión a bordo del Beagle era la de vigilar los movimientos del capitán FitzRoy, sospechoso de contrabando de ron tras la tapadera de “descubridor y explorador”.

Lo cierto es que el manuscrito original se encuentra en la actualidad en una caja fuerte en Down House en el condado de Kent, aunque su propiedad se encuentra disputada en los tribunales internacionales entre The English Heritage, el M16, los Hermanos Salesianos de Punta Arenas y la Asociación Diocesana Don Bosco del Estado Vaticano.

Las páginas del diario fueron numeradas por Darwin, en unos casos en la esquina derecha y en otros en la izquierda en un cuaderno de páginas en blanco (ahora amarillas) y en una secuencia alfabéticonuméricoicónica que hasta el momento ha sido indescifrable para los especialistas del servicio secreto británico.

El diario recoge las observaciones realizadas por Darwin a lo largo de 819 páginas de anotaciones, dibujos y garabatos. Sólo les podemos ofrecer unas pocas líneas reproducidas con permiso del English Heritage (Darwin Collection at Down House), William Huxley Darwin y “M” del Servicio Secreto Británico.

1831 (25 de Octubre)

Por fin he subido al Beagle.  Tal como me había señalado Sir Thomas Davenport, encargado de la sección Asuntos Secretos del Almirantazgo (ASA), se ha puesto en contacto conmigo el marinero de segunda Stokes, miembro del servicio secreto, que me ha pasado disimuladamente lo que creo que es una galleta típica del menú cotidiano de la Armada Británica. He intentado comerla y entonces he entendido el por qué las tripulaciones han de ser secuestradas por la fuerza bruta. Stokes me ha observado un tanto sorprendido, se me ha acercado disimuladamente mientras baldeaba el puente y me ha susurrado “señor, ¿por qué intenta comerse las instrucciones del almirantazgo”. Efectivamente, escondido en un pedazo de arcilla hueca pude sacar un pequeño billete: “Ultimas noticias: ¡cuidado, mr. Darwin, es posible que FtizRoy conozca su identidad!. Davenport”.

(27 de Octubre)

Al fin el capitán ha subido a bordo. La marinería ha formado en cubierta y se han podido escuchar unos pitidos estridentes que deben tener algún significado que desconozco pues a un gesto del capitán han tirado al marinero que soplaba el silbato por la borda. El capitán se me ha acercado:

– Usted no es de la tripulación… señor…

– Darwin, Charles Darwin -le respondo- Soy el agregado científico.

– Encantado de conocerle señor Darwin, intentaremos hacerle su estancia en el Beagle lo más agradable posible.

En realidad mi primera impresión es que FitzRoy es un hombre agradable. Pero también mi experiencia me dice que tras los hombres agradables pueden esconderse mentes  criminales cuyo único objetivo es dominar el mundo.

A continuación me presenta al su primer oficial, un sujeto calvo como una hogaza de pan, aparentemente siempre vigilante desde sus ojos saltones, inquietos y estrábicos y una media sonrisa que de cerca resulta ser la cicatriz de un sablazo en plena cara. Yo lo conocía. De hecho el sablazo era una consecuencia de la acción de mi propio sable unos años atrás.

-Le presento a mi primer oficial y hombre de confianza, John Ignatius Güert.

Güert clavó sus ojos estrásbicos en los dos extremos del puente.

-Volvemos a encontrarnos sr. Darwin…

Decididamente aquel hombre no me gustaba un pelo.

 



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