El Síndrome de Irritabilidad Docente (SID) también denominado Síndrome de Paleusggin, es un trastorno neurológico que, en su origen,  lleva el nombre de Georges Malebrand de la Paleusggin, veterinario francés, quien en 1882 publicó un breve resumen de la patología relativa a cinco casos de ocas (destinadas a la producción de foie-gras) con reflejos rabiosos de carácter involuntario debidos a la ingestión de alimentos a la fuerza.

Lo cierto es que fue otro estudioso francés, Jean Marc Goudillard de Culebrain, en este caso médico, quien describió en 1825, por primera vez, el caso de una mujer noble francesa de 92 años de edad con la enfermedad, la marquesa de Mattelard, quien ante la ingestión obligada de cruasanes, derivaba en reflejos involuntarios muy similares a los de las ocas de De la Paleusggin. Finalmente, la versión actualizada de la enfermedad, en su denominación de Síndrome de Irritabilidad Docente, fue establecida por la doctora Tourette y su equipo, en 1972, en la Universidad de La Sorbona.

 

Síntomas

Por lo general, los síntomas de SID se manifiestan en tres aspectos complementarios del carácter que, momentáneamente se encuadran en  profesores que disfrutan y hacen disfrutar de su actividad docente, esos tres aspectos son (a) ira, (b) enojo y (c) enfado grande. El SID puede afectar a personas de cualquier grupo étnico, aunque los varones morenos  lo sufren unas 3 o 4 veces más que las mujeres pelirrojas. Se dice que un profesor o profesora puede tener SID cuando comienza a sospechar que algunas de las personas con responsabilidad sobre personas y situaciones universitarias denotan una inteligencia no sólo más baja de lo normal, sino, incluso, mucho más baja de la línea marcada por el llamado “individuo borderline”. En otros casos se asocia el SID a los temblores y, en general, reflejos involuntarios, derivados de escuchar a personas que tienen lo que podemos denominar alelamiento, escasez de razón o  perturbación del sentido, dar lecciones, orientaciones y sentar cátedra sobre lo que sería una buena docencia, docencia innovadora o renovación didáctica.

 

No todos los docentes con SID evidencian otros trastornos además de la (a) ira, (b) enojo y (c) enfado grande; sin embargo, muchos docentes con SID experimentan problemas adicionales, tales como el trastorno de déficit de atención, en el cual la persona tiene dificultades en concentrarse en las palabras necias y se distrae fácilmente en las reuniones absurdas; trastornos del desarrollo institucional, los cuales incluyen dificultades de coordinación con colegas, problemas con las autoridades académicas, incluso  problemas perceptuales; o trastornos del sueño, que incluyen despertarse frecuentemente o hablar en sueños. En realidad la amplia variedad de síntomas que pueden acompañar a los tres trastornos básicos señalados,  puede causar más limitaciones que los trastornos  mismos.

 

Tratamiento

No hay cura para el SID. Sin embargo, muchos pacientes mejoran a medida que maduran y consiguen un alejamiento mental o virtual de la realidad. Los individuos con SID  no ven reducida su esperanza de vida ni se trata de una enfermedad degenerativa. El SID no sólo no menoscaba la inteligencia sino que para muchos estudiosos de la Escuela Crítica de Boulogne, es evidencia de una mayor inteligencia, de hecho, según los últimos estudios, se ha comprobado que los docentes con SID suelen tener cocientes intelectuales iguales a los de sus colegas pero mejor distribuidos. La (a) ira, (b) enojo y (c) enfado grande tienden a disminuir según avanza la edad del paciente, permitiendo a algunos pacientes a abandonar el uso de medicamentos. En algunos casos, una remisión ocurre después de la jubilación.

(Dedicado a RPA)



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